Canto de gol: una suerte de señal
Quiero salir. SÃ, quiero vivir. Y quiero dejar una suerte de señal.
El debut de Alberto Gamero, nuevamente sentado en el banquillo de Millonarios, no despertó en muchos de nosotros un interés o una emoción notables por ver al equipo en acción en Palmira. Ratificado por lo visto contra Pereira, fue un juego que demostró lo que ya sospechábamos sobre la cantidad de trabajo que le espera al Tito en la dirección técnica del Embajador.
Los únicos cambios evidentes fueron ver nuevamente la lÃnea de cuatro atrás, el regreso de Banguero por explicación posterior de un cuadro viral de Sebastián Valencia, y la titular de Andrey Estupiñán, algo que pedÃamos en toda esta campaña. No obstante, los chispazos que le vimos al equipo en Palmira fueron esos, luces momentáneas en un juego en el que, como bien lo dijo Andrés Rey en su crónica de ayer, dejó ver en muchos tramos más emoción y ganas de llevarse los tres puntos al equipo sin sueldo, sin estadio y con la ya constante amenaza de desaparecer.
El partido terminó y muy poco o nada hablamos sobre el 1-1 final o alguna emoción o bosquejo de mejorÃa que haya mostrado el equipo. Volvimos a los cambios tardÃos y a sacar al que mejor lo hacÃa adelante después de su gol, pero mantuvimos los vicios de Bustos al dejar todo el partido a un intransigente como Francisco Chaverra, y a un Ureña que no anda en un buen momento por más extranjero diferencial que pudiese ser.
Al terminar el juego buscamos una pelÃcula para terminar el domingo y la semana. La elegida fue Dragón Rojo, la precuela de las reconocidas pelÃculas de Hannibal Lecter y su aprendiz y perseguidora Clarisse Starling. La historia de este largometraje antecesor inicia y gira en torno a la perspectiva y perspicacia únicas del detective Will Graham, demostrando su habilidad de encontrar detalles distintos en las herramientas que otros tuvieron y no usaron. Una que justamente lo conduce a atrapar al afamado doctor canÃbal.
Esto es básicamente la tarea que tendrá Alberto Miguel Gamero, frente a este viejo y nuevo Millonarios: dejar una suerte de señal, afinar detalles que puedan estar escondidos, pulir sus herramientas existentes y mejorar lo hecho por David González, don Hernán Torres y Fabián Bustos. Con jugadores que él ya conoce, y otros que tal vez hasta ahora empieza a dirigir, deben encontrar las mejores posiciones en la cancha para ellos y la clave para motivarlos, porque en Palmaseca en varios tramos se les vio conformes y tuvieron que recibir un gol para pellizcarse y buscar algo distinto (ni siquiera un penal a favor digno de revisión les hizo hervir la sangre).
Fue y es y será un muy corto periodo de transición, porque apenas en tres dÃas el adiestrador samario tendrá que recibir al Deportivo Cali para una nueva edición del clásico añejo del fútbol colombiano. En el CampÃn, ante su gente, frente a un rival histórico y un ex equipo a la vez, el profe Gamero tendrá la tarea y obligación de mostrarle a la hinchada Embajadora -que sà lo acompañará sin excusas y en demasÃa a diferencia del próximo miércoles- que hay algo diferente en este grupo y que las victorias en casa volverán a ser, al menos, el fortÃn con el cual se pueda empezar a soñar con algo distinto a las tristezas de antes.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘A Rodar Mi Vida’, del cantautor rosarino Fito Páez:
Carlos MartÃnez Rojas
@ultrabogotano
