Millonarios Santa Fe 2023

Tertulias bogotanas

Tengo grandes amigos santafereños. Con ellos he compartido largas noches hablando de fútbol acompañado de cervezas, cigarrillos, polémicas y muchas carcajadas. Desde las diferencias hemos aprendido a respetar y a ‘gozar’ al otro, siempre manteniendo esos códigos que son tan importantes en este deporte.

Por ejemplo, tardé como un año en hacer algún tipo de ‘cargada’ por el título de 2017, con mucho tacto porque sé lo doloroso que fue para ellos y antes que cualquier cosa son mis amigos. De igual manera ellos lo han hecho conmigo cuando ganan, primando siempre el respeto y esos códigos que dictan los límites. Ambos lo entendemos y funciona bien la relación; así paso cuando perdimos en Madrid, cuando no pudieron hacerle gol a Enzo Pérez, cuando el gol de Henry Rojas, cuando ganaron su Sudamericana…

Hace unos días tuve una conversación telefónica con uno de ellos. Él, furibundo hincha de Santa Fe, me decía con rabia y decepción que le dolía la actualidad de su equipo y que, a pesar de estar en los 8, la parte administrativa y deportiva del equipo no anda bien desde hace varios años.

Hubo algo que me dijo que me quedó muy presente. Me preguntó si yo, desde la otra orilla, veía algún jugador de Santa Fe que le ‘doliera’ el equipo, que sintiera la camiseta como algunos jugadores del pasado que me mencionó (la mayoría de ellos me caen pésimo, por supuesto). Yo le dije que no, que no había ninguno. Acto seguido me dijo: «¿ve la diferencia con su equipo?» y ahí entendí su punto.

Empezamos a mencionarlos en una lista que se quedó corta: Mackallister, Llinas, Vega, Vargas, Juanito… tipos que por esta camiseta se juegan la vida, la respetan y la honran el tiempo que la vistan, que son profesionales y sienten el club. Y ni que decir del DT cuando en la conversación surgió la comparación entre Bodhert y Gamero. Esa es, en términos deportivos, la enorme diferencia entre el actual Millonarios y el actual Santafe.

Los halagos no solo pasaron por lo deportivo, también por la dirigencia. Él, que sabe de las épocas del Chiqui Garcia y su séquito, me dijo que Eduardo Méndez para ellos era como el Chiqui. Yo, por supuesto, le dije que no representa ni una quinta parte del daño que nos hizo ese señor llevando hasta la quiebra al equipo. Ahí aparecieron los nombres de Gustavo Serpa y Enrique Camacho, que su gestion ‘desde afuera’ la ven con buenos ojos. Ahí me entró otro cuestionamiento, sin el ánimo de lavarle la cara a nadie: ¿será que no estamos tan mal de directivos como algunos hinchas lo hacen creer? La respuesta la dejo para que cada uno la reflexione, pues sabemos que tanto Serpa como Camacho tienen sus luces y sus sombras. Pero volviendo a la conversación original, sin duda estamos mejor en ese aspecto que el rival de patio.

La conversación cerró con un pronóstico del partido. Ellos, a pesar de estar por encima en la tabla, nos dan como favoritos para ganar por factores como la localía. Yo, por mi parte, creo que será un partido cerrado, disputado y con pocas opciones de gol, donde el que aproveche los errores conseguirá los tres puntos. Espero que ese sea el envión anímico que necesita el equipo para consolidarse en los 8 y dejar de lado la irregularidad que se viene presentando, además de ser ese génesis para que se abra definitivamente el arco y que ya en adelante no se vuelva a cerrar. No hay mejor escenario.

Quiero finalizar dándole continuidad al mensaje que el Profe Carlos Martínez ha dado en sus columnas sobre la convivencia en el fútbol. Haya o no haya tribuna visitante espero que sea un partido en paz, donde no tengamos que sufrir por agresiones al rival más allá de los ‘putazos’ que se quedan en los 90 minutos y que hacen parte del juego. Tenemos que aprender a vivir estos clásicos de una manera más sana, olvidando esa cacería de brujas que muchas veces se da en las tribunas buscando al infiltrado. Estamos retrocediendo y eso es imperdonable.

Que este clásico se viva en paz y que por supuesto el domingo a las 10:00 p.m. salgamos pletóricos del estadio por un nuevo triunfo de nuestro Millonarios ante Santa Fe, haciendo más grande esa brecha entre ambas instituciones y prolongando la paternidad Embajadora, como debe ser. 

Por Andrés Rey Hernández
@andresreyhdez