Millonarios mostró jerarquía en el Atanasio
El Atanasio Girardot estaba listo para una fiesta verdolaga. Miércoles 4 de febrero, clásico de Colombia y un único cupo a la Copa Sudamericana en juego. Durante la semana se habló de la superioridad de Nacional, de su presente, de la fuerza de su localía y del peso de un estadio que, según muchos, inclinaría la balanza. Pero a Millonarios nada de eso le importó. El equipo de Fabián Bustos salió decidido a competir sin complejos, tomó la iniciativa desde el primer minuto y dejó claro que no había viajado a Medellín para resistir, sino para imponer condiciones.
La intención se tradujo rápidamente en hechos. Al minuto 21, Rodrigo “Tucu” Contreras sorprendió a todos con un remate desde mitad de cancha que dejó sin reacción a David Ospina. Golazo. Silencio absoluto en el estadio. Fue un golpe anímico que cambió la atmósfera del clásico, aunque Nacional respondió pocos minutos después. Al 28, tras una desatención defensiva azul, Nicolás Rodríguez empató el compromiso y devolvió la esperanza a la tribuna local. El partido se tornó intenso, de ida y vuelta, con tensión en cada balón dividido.
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Sin embargo, cuando parecía que el primer tiempo terminaría igualado, volvió a aparecer el nombre de la noche. Contreras, incansable en la presión y el desgaste, provocó un penal que Leonardo Castro transformó en gol al minuto 42. El 2-1 antes del descanso fue un golpe psicológico clave. Millonarios no solo se iba arriba en el marcador, sino que demostraba personalidad en un escenario adverso.
La segunda mitad prometía reacción verde, y la tuvo por momentos. Alfredo Morelos contó con una opción clara, pero Diego Novoa respondió con seguridad y reflejos, sosteniendo la ventaja en un momento crucial. Nacional movió sus piezas, intentó presionar, pero el partido ya se inclinaba hacia el lado azul. Castro avisó con un disparo al travesaño que mantuvo la tensión, y al minuto 75, nuevamente el “Tucu” Contreras cerró su noche soñada con una definición de categoría tras una jugada de insistencia y convicción.
El 3-1 sentenció el clásico y la clasificación a la fase de grupos Copa Sudamericana 2026. Lo que vino después fue control, orden defensivo y madurez para manejar los tiempos. Nacional empujó con orgullo, pero se encontró con una defensa sólida y un equipo convencido de su plan. Millonarios jugó con carácter, sin miedo y con jerarquía, dejando atrás cualquier duda previa y recordando que su historia pesa en cualquier cancha.
Y como lo resumió el propio Bustos tras el partido, en una frase que quedó flotando en el aire de Medellín: “La historia de Millonarios se respeta”.
Por Santiago Torres
@santitokor04

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