Canto de gol: tradiciones
En el inicio de la era del profesor Fabián Bustos y el camino que hoy arrancan las Embajadoras hay un punto en común. En ambos hay tradiciones rotas y que refieren caminos distintos al pasado.
La primera sorpresa corrió por cuenta del estratega argentino. Aún desconozco si es asunto suyo o de su compatriota Ariel Michaloutsos, director deportivo del primer equipo. Pero después de su asistencia en el palco para el 1-1 contra Medellín y el periplo de Millonarios en Palmaseca, la novedad tuvo lugar en el anuncio de redes sociales y posterior ejecución en la cancha. El banquillo de Millos fue el del costado sur del estadio bogotano.
Magna sorpresa para muchos, que durante décadas y décadas vieron y vivieron siempre el lado norte como el azul por tradición. La salida de los equipos cuando el estilo no era protocolario FIFA, los túneles inflables o con las bastoneras y las explosiones de papel picado, rollos y extintores. Todo iba al son de los primeros pasos de los jugadores saliendo al césped por las escaleras de túnel en occidental norte. Incluso por aquel entonces los hinchas sacaban sus manos a través de la malla para saludar a los protagonistas del juego. Y por ello mismo el cuerpo técnico y los actores de reparto agrupaban sus análisis y calentamientos en el mismo sector.
Dicha tradición terminó, y en estos dos juegos contra Águilas Doradas y Llaneros todos tuvimos que acostumbrarnos a buscar las reacciones del profe y las posibles sustituciones en el banco sur. Algo que sólo pasaba en los juegos de Libertadores de América y Sudamericana, pero que ahora será una constante en todos los juegos en Bogotá con este cuerpo técnico a la cabeza. Elijo sentir que no es una afrenta al pasado, a lo clásico en el equipo, sino a todo lo contrario. A una proyección a algo más. A dejar el pensamiento calcificado en las obligaciones locales (clasificación a finales) y los logros locales (estrellas), para empezar a inyectar un ADN internacional de estar a la par de los demás clubes del continente y el mundo.
La segunda sorpresa -leve pero novedosa al fin y al cabo- fue el inicio de la Liga Femenina oficiando como locales en el Estadio de Techo. Fueron muchos los partidos en Bogotá en los que la profesora Angie Vega dirigió a sus muchachas en el segundo estadio de la capital, pero no para iniciar una campaña. A pesar del sorteo que determinó la localía para la fecha uno, y que pudo derivar en un doblete el fin de semana pasado, la elección fue clara. Precisamente la estratega valluna explicó en la presentación de las Embajadoras que, tanto los éxitos pasados como el excelente estado de la cancha en Techo, fueron razones de peso para elegir la casa de Millos Femenino.
Clasificaciones importantes, duelos promisorios contra rivales llamados a campeonar, mayor posibilidad de que se sienta el acompañamiento de los hinchas (aunque hoy no sea el caso) por el agrupamiento y concentración de voces y cantos en un solo sector. Todas son razones que se suman al deteriorado primer y tradicional campo de juego del Club para sus partidos profesionales, para que hoy veamos el debut azul en Kennedy. Y también lo entiendo y me alegra, porque el grueso de la hinchada ya tuvo su oportunidad de demostrar su valía en los dos dobletes del año pasado, quedando en ridículo al desocupar el estadio con partido de fondo pendiente.
Es en realidad en ambos casos que me alegra. Con el profe Fabián vemos otra cara en la cancha, pero también escuchamos otra voz en sus declaraciones. Una de autocrítica y apertura al cambio. Y su decisión de tomar de banquillo en consonancia con las disposiciones Conmebol habla también de una visión impregnada de estrategia y proyección. Es ser viejo zorro y dejar la inocencia y la pasividad al manejar un equipo de local. Y frente al Femenino, la profesora Vega tendrá que hacer todo lo que a bien le parezca para lograr el esquivo objetivo de llegar a una final y ganar una estrella. Confeccionar una nómina, arriesgar, elegir un nuevo equipo de preparadores físicos y de arqueros, y un estadio distinto para jugar en casa. Fuese Techo o el Olaya, si ésa es la convicción.
«Ganar es lo único y lo más importante en este deporte» fue una de las frases de la cápsula del pasado sábado en MM. Las tradiciones también son valiosas e importantes, pero los objetivos lo son aún más. Es hora que dejemos de ser tan blanditos y faltos de cancha para no entender que gritar campeones está por encima de gustos técnicos, logísticos y cabaleros.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘One Way or Another’ de la banda estadounidense Blondie:
https://music.youtube.com/watch?v=valVixMpzQY&si=JNWfDH73KmlF3PfU
Carlos Martínez Rojas
@ultrabogotano

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