Nacional - Millonarios 2017

Que el dolor no sea generacional

Anoche, una vez más, luego de una jornada de trabajo, prender el tv, pedir comida, sentar a la pareja al lado y ver a Millos en la loma.

Ella, mi futura esposa, ahí. Como siempre, leal a mí y a mi causa. Callada, tranquila, viéndome sufrir. Yo, al principio ansioso, luego, tranquilo con el golazo de Maxi, estresado luego con el empate y después eufórico con el de Ayron. “Esta racha en esa loma se nos tiene que acabar” le decía… “Si les metemos el tercero esto se cae”.

Acto seguido, el palo de Silva, que por estar viendo el partido con gafas y no con mis lentes de contacto, lo grité a todo pulmón. Ella ahí, callada. Sabía que eso no había entrado pero no me dijo nada, dejó que solito me diera cuenta. Ella no mata mis ilusiones.

Lejos estaba de pensar que esta vez se repetiría el trágico final. No se veía por dónde, ese verde estaba muerto.
Pero como en cualquier película de terror, el tipo que ya estaba tirado, ensangrentado y sin aire, se levantó y tiró un hachazo. 2-2 y otra vez a sufrir el final… Sin embargo no se veía por dónde. Yo estaba tranquilo, “empatar allá no es tan malo” decía. “Ya no lo ganamos pero este punto sirve” pensaba.

+3 de reposición, se me hizo normal la verdad. Falta de Cadavid. Se me heló la sangre. Me paré de la cama, le indiqué a mi novia el tiempo en la pantalla y por un momento volví a los horribles finales recientes. Ella los recordaba perfectamente. Me arrodillé al frente del tv (para ver bien), cobró el delantero de ellos, pelota a la barrera, un leve respirito de paz… y luego… tome.

Mi reacción fue la misma de las dos veces anteriores. Es que todo es calcado. Le pegué un puño a la cama exactamente en el mismo lugar de siempre. Grité “Nooooo” con el mismo tono y angustia de siempre. Y ella ahí sentada, viéndome sufrir una y otra vez, como siempre.

Silencio total. Me recuesto. La miro y le digo algo que me salió del fondo de mi alma: “Yo sufro, puedo sufrir esto el resto de mi vida, no me importa, siempre y cuando a nuestros hijos no les toque. No quiero que ellos vivan esto”.  Ella, en silencio, recibió mis palabras llenas de dolor, por un momento el sufrimiento fue mutuo.

Cambié de canal y me dormí viendo una película de muñequitos, dónde el héroe siempre sufre pero al final se queda con la vieja bonita. Quiero que sean mis hijos los que se queden esa vieja bonita. Yo ya tengo costra, no hay lío.

Eduardo Zabalaga Escobar
@ElCholoSoyYo

 

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