Canto de gol: nada sale bien
Hace casi dos años salimos del estadio aplaudiendo una derrota. Y escribà un canto de gol dedicado al corazón y la valentÃa que tuvo Millonarios en la cancha.
El partido fue un derbi capitalino. A diferencia del que se iba a jugar pasado mañana, Millos era local y Santa Fe ganó 2-4 en una noche en la que nos reventaron una y otra vez. Pero Millonarios siempre se resistió a la rendición, demostrando una gallardÃa que asustó al rival y lo vio sufrir con dos jugadores más en la cancha.
¿Por qué traer ese juego a colación? La estadÃstica que compartimos en las redes de MM explica que aquella fue la última vez que Millonarios recibió tres o más goles en casa. Y con las circunstancias que el lector ya recuerda (o puede refrescar en el enlace compartido en el primer párrafo) el equipo salió del CampÃn ovacionado y cobijado.
Casi dos años después otro clásico del FPC tuvo lugar. Esta vez no hubo expulsiones ni cambios defensivos del local. Esta vez el técnico rival, que en aquel 2023 dirigÃa Millonarios, no demoró las sustituciones sino que de totazo hizo tres en la primera mitad. Pateó el tablero con esa culebra endiablada llamada Johan MartÃnez, y esta vez esos cambios sà le dieron efecto a Tito Gamero.
Esta vez Millonarios no tenÃa dos jugadores menos. No tenÃa un gol de ventaja, sino dos. Pero además, esa ventaja no era una somera cuestión de suerte. El equipo dominaba y aplastaba, sacando figura a Alejandro RodrÃguez. Esta vez su capitán y estandarte no fue expulsado, y esta vez no fueron cuatro goles encajados en propia puerta. La diferencia no eran tres goles abajo, era uno. Nada más uno.
Eso es justamente lo que Millonarios no tiene: suerte. Además de todos los traspiés dirigenciales, de dirección técnica y deportivos en la cancha, llegan situaciones como el palazo de Beckham, el noqueo a De Amores exactamente en ese mismo palo, y la terrible fractura del Mono Llinás que dolió más que el resultado final. Nada sale bien.
Pero si hay algo igual de grave que dejar remontar un 2-0, es tener una mentalidad tan enclenque como para que un penal en tiempo de adición y un consecuente 2-1 borre de la cabeza de los jugadores azules la supremacÃa, la convicción y la confianza. Los errores en entrega, la pobrÃsima definición y el aire pasmado de los once hombres viendo al Cali tocar y ofender y festejar preocupa aún más. Por ello la suerte también se aleja del Embajador, cuando los jugadores son vistos de rumba y tragos y no hay un «Ayúdate que yo te ayudaré».
Hace dos años perdimos y aplaudimos, porque esos muchachos entendieron sobre amor propio y sobre el escudo en el pecho. Muy, inmensamente distinta ésa a esta versión 2025 de David González. Que precisamente en el cierre del primer semestre se cagaron contra Santa Fe. Y que el viernes pasado demostraron que su mentalidad es de incredulidad y miedo. Y en Millonarios no puede tenerse miedo.
El aplazamiento del clásico -además de darle protagonismo a los asesinos disfrazados de hinchas y desnudar la inoperancia del gobierno distrital para individualizar y actuar- parecerÃa beneficiar a Millonarios. Un equipo que necesita mucha agua para diluir los bultos de sal que carga, pero más sesiones psicológicas para entender que en 90 minutos los golpes no sólo los recibes, los puedes dar. Y no tienes que caer y rendirte, sino que puedes golpear de vuelta y demostrar que sà entrenaste y sà te preparaste. Pero cuando la mente no está, el cuerpo no da.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘Recuerdo tu futuro hoy’, de la banda argentina Karamelo Santo:
https://music.youtube.com/watch?v=q3Xl9ViGISI&si=OFHJl1jBRnqD4Xr4
Carlos MartÃnez Rojas
@ultrabogotano
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